Las carillas son para la estética; las coronas, para la resistencia. Saber cuál necesita su diente ahorra dinero y esmalte.
Las coronas y las carillas son restauraciones finas de porcelana que se adhieren al diente y se ven completamente naturales. La confusión viene de que ambas pueden cambiar el color y la forma de un diente. La diferencia está en cuánto del diente cubren y, por tanto, para qué sirven.
Una carilla cubre el frente
Una carilla es una lámina que cubre solo la superficie frontal visible del diente, normalmente de menos de un milímetro de grosor. Requiere una preparación mínima —a veces ninguna— y es la elección correcta para un diente estructuralmente sano pero descolorido, astillado, ligeramente torcido o de forma irregular. Las carillas de porcelana en la Gold Coast suelen costar $1,200–$2,200 por diente; las de composite, $400–$900.
Una corona lo cubre todo
Una corona cubre todo el diente por encima de la encía, alrededor por completo. Devuelve resistencia además de estética, así que es lo que necesita un diente fisurado, muy empastado, desgastado, con endodoncia o roto. Implica más preparación y cuesta un poco más —típicamente $1,500–$2,500—, pero es lo que protege al diente de fracturarse.
La regla sencilla
Si el problema es puramente estético, una carilla suele bastar, y conserva mucho más de su diente natural. Si el diente está débil o dañado, necesita una corona, y ponerle una carilla sería un falso ahorro. ¿No sabe cuál describe su diente? Se lo diremos con claridad en una consulta y le mostraremos por qué en la radiografía.
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